
Los requisitos para poder asistir son bien sabidos por todos: Querer pasar un rato divertido. Estáis todos invitados.
Día: 27/12/08
Lugar: la Plaza Alcalde Quintero Baez (en La Palmera, pero debajo)
Hora: 21:30
CUADERNO DE BITÁCORA DE GERARDO MACÍAS
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Comienza la temporada, poco a poco nos habituamos al horario de invierno y los días luminosos se quedaron ya muy atrás. Se retoman viejas constumbres ancestrales y nos volvemos a reunir al calor de las hogeras… aunque ya tuvimos una reunión al término del verano, parece que en esta edición se recuperan los viejos rituales místicos.
Llega a nuestros temerosos corazones la decimoprimera edición de las Beers and Blogs, coincidiendo con la mismísima fecha de Halloween. En esta terrorifica ocasión tenemos la confirmación extraoficial de que el mismísimo José Carlos del Arco vendrá en cuerpo y alma.
Ya sabéis que para asistir el único requisito es querer parsarlo bien. Os podéis apuntar en la wiki o bien aparecer alrededor de las 21:30 horas en el Camillo E Peppone de la Isla Chica (el antiguo Cine Fantasio).
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"Donde hay un tebeo habrá un libro”. Menuda tralla nos dieron las autoridades educativas con semejante eslogan, que se debió inventar (creo) a finales de los setenta. Yo ya era una muchacha en flor y había dejado atrás las horas tintinescas de las tardes de verano y la costumbre sagrada de ir a la papelería del barrio y decirle al tendero, dándome la misma importancia que si estuviera pidiendo Claves para la razón práctica: “Por favor, ¿le ha llegado ya Lily, revista juvenil femenina?”. Pero fueron muy pocos los años en que el tebeo desapareció de mi vida, porque tendría diecinueve cuando, gracias a un dibujante llamado Carlos Giménez, que revolucionó los argumentos de la historieta española al contar su propia infancia en los colegios del Auxilio Social (donde iban a parar, como él decía irónicamente, los hijos de rojo, los hijos de puta y los hijos sin padre), descubrí que aquel eslogan de animación a la lectura era, en el fondo, una falta de respeto a todos aquellos que dedicaban su vida a construir ficciones mediante el dibujo. Más que falta de respeto, paletez, paletez que hace que aún hoy la novela gráfica no tenga el puesto que le corresponde en las librerías, en las reseñas de los suplementos literarios y en las casas de la gente. Pero el dibujo puede contar, a veces, aquello adonde las palabras no llegan.
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Soñé cuando dormía; jamás lo he recordado.
Llevo en mí ese tiempo de corazón perdido,
de cuerpo que se apaga, de niño que no cierra
las palabras ni el cajón de su propia aventura.
Si veo aquella vida conozco el desamparo,
la pobreza y el signo de una calle muy estrecha
pero con voluntad de mundo, de gracia, de ternura.
Jugué a pensar que entonces no empezaba mi historia,
que venía de atrás, muy lejos, con velocidad de siglos,
de guerras y de amores, de temblor y sospecha,
que nada era preciso de inventar en los otros
si antes no miraba al centro de mi mismo.
Y supe que tendría que volver siempre a aquella calle,
la calle donde puse a la vida mi primera mirada,
volver a su fragor y a su aire purísimo,
a la verdad que se abría, que se abre, al recorrerla.
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