Desde el pasado 23 de junio, día en que fue presentado el MANIFIESTO POR LA LENGUA COMÚN en el Ateneo de Madrid por el filósofo vasco Fernando Savater, la académica de la RAE Carmen Iglesias, el escritor Álvaro Pombo y el catedrático Carlos Martínez Gorriarán, más de 150.000 ciudadanos españoles se han adherido al documento.Confieso que aunque firmé el Manifiesto el mismo día que se presentó, no confiaba en que este asunto fuera a cobrar tanta importancia, ni mucho menos que lo fueran a respaldar tantas personas en estas fechas veraniegas. Tengo que decir también que aunque lo firmé le veo tres inconvenientes: uno, que el título del documento debería reflejar lo que verdaderamente defiende: MANIFIESTO EN DEFENSA DEL BILINGÜÍSMO REAL Y EFECTIVO. Aunque claro, este título sería menos pegadizo y no tendría tanta repercusión. Segundo inconveniente: que el tema se ha politizado demasiado, a raíz de la difusión que ha tenido, y además todos los que lo comentan parecen creer que la cuestión es ponerse a favor de una u otra lengua. Seguramente no habrán leído el Manifiesto, porque basta echarle un vistazo para saber que no es esa la intención de sus promotores. Tercer inconveniente: yo no hablaría de castellano sino de español –porque los andaluces por ejemplo no hablamos castellano sino español-, aunque comprendo que es una manera de diferenciarlo de las demás lenguas oficiales de España.
Ya hay quien maleducadamente tilda de "fachas" a los partidarios del Manifiesto, como si no habláramos todos en español. Yo a esto tengo que decir algunas cosillas: por un lado, me parece tan maleducada la palabra "facha" como la palabra "rojo", aunque ahora algunos se empeñen en llamar "La Roja" a la Selección Española de Fútbol.
Puestos a usar el calificativo de "facha": me parece exactamente lo mismo lo que hacía Franco cuando prohibía hablar y escribir en las lenguas vernáculas de lo que entonces eran algunas regiones españolas, que lo que hacen ahora en las Comunidades Autónomas bilingües: prohibir la rotulación en castellano, premiar a las empresas que no atiendan a sus clientes en castellano, libros de texto que no están disponibles en castellano si los escolares o sus padres lo desean… En fin, ese tipo de cosas que estamos acostumbrados a leer en prensa. Creo que no es muy distinta la situación lingüística actual y la del franquismo, sólo en qué lenguas son las que se elige proteger. Pero como ahora tenemos una Constitución que las protege todas, no hay que aceptar revanchismos estúpidos. Es lamentable que para recordárnoslo tengan que salir manifiestos como éste que nos ocupa. Por suerte es muy grande el respaldo social que ha recibido, no sólo político y mediático, como veremos en las próximas entradas de este cuaderno de bitácora.






