08 febrero 2006

PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO

Publicado originalmente en el diario Huelva Información (Viernes, 10 de noviembre de 1995)
Me permito utilizar como título de este artículo el estribillo de la célebre Letrilla Satírica de Quevedo para hablarle precisamente de dinero: de pesetas, de duros, de ecus... y de euros. Y empiezo por los billetes del Banco de España, de los que tengo que decir que la verdad es que podríamos estar orgullosos de ellos, de no ser por la firma de don Mariano Rubio. No se puede negar que están bien hechos, ya sean los de 1.000, 2.000 5.000 ó 10.000 pesetas (dicen que estos últimos también existen). En cambio, nuestras monedas de los últimos años son horrorosas. Ignoro el criterio de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre al elegir diseñadores, pero me lo imagino. Tenemos en curso legal las monedas más feas de todo el continente europeo; y si cree usted que estoy exagerando la nota, no tiene más que echarle un vistazo al bolsillo y ya verá, ya. Por ejemplo, en el momento de teclear estas líneas, un servidor lleva una peseta minúscula, otra enorme del Mundial’82 y otra con la Real cara en la ídem y la gallina en la cruz. Tengo tres clases de duros: uno diminuto en el que se descifra con dificultad un cinco, lo que induce a pensar que por alguna parte tiene que poner “pesetas”; otro del Rey de joven con un balón de fútbol; y por último, otro del “anterior Jefe de Estado” ya entradito en años. Y así podría seguir con las monedas de cinco, diez, veinte, cuarenta y noventa duros, pero lo dejo porque no hay necesidad de alargarse tanto. Mención aparte merecen las monedas de cinco duros con agujerito, que en palabras de Pedro Reyes "sirven para que miremos por el dinero", las de diez pesetas y ésas tan raras de dos pesetas, que un servidor procura no gastarse nunca, porque tienen toda la pinta de ser del “Monopoly”.
Después del titánico esfuerzo que hicimos los sufridos españolitos por aprender de memoria todas las clases de moneda, ahora va la Unión Europea y anuncia que la moneda única, que ya no se llamará ecu sino euro, está a la vuelta de la esquina. Desde luego, parece que nos estén “haciendo la peseta”. No sé si sabrá usted que con ese nombre se conoce el obsceno gesto de señalar hacia arriba con el corazón (me refiero al dedo, claro) dejando los demás dedos cerrados, a modo de signo fálico para burlarse de alguien. El nombre de este gesto tiene su origen en la antigua peseta columnaria, acuñada en América con el valor de cinco reales de vellón, y con la disposición en la que figuran en su reverso las columnas de Hércules y el escudo de armas del Rey, que se asemeja medianamente a la actitud descrita más arriba. Pues bien, esta expresión, entre otras muchas, desaparecerá de nuestro léxico con la supresión de la peseta. Lo que no van a desaparecer son los conceptos que describen, pero claro, estará usted de acuerdo en que no es lo mismo decir “estoy sin un duro” que “estoy sin un euro”; y en que tampoco suena igual “pesetero” que “eurero”, y encima esto último es bastante más difícil de pronunciar. En fin, todo sea por la Unión Europea, que una vez mutilado el alfabeto, no hay que conceder demasiada importancia a un puñado de expresiones que con el tiempo acabarán pudriéndose irremisiblemente en el olvido. Además, siempre nos queda el consuelo de que cuando vuelvan a tener con nosotros el amable detallito de volcarnos los camiones y otras gracias por el estilo, ahora más que nunca tendremos la maravillosa oportunidad de “pagarles con su misma moneda”... o, por lo menos, podremos intentarlo, que de ilusión también se vive.
NOTA: Como le dije el otro día a mi amigo José Manuel Esteban, el billete utilizado para ilustrar este artículo no es más que una copia. Si fuera de verdad me lo habría gastado en su momento jajaja

1 comentario:

Anónimo dijo...

Según Espoc:

La implantación del euro es una forma, como otra cualquiera, de maquillar la inflación (esta opinión es discutible, desde luego, pero tengo algunos argumentos para defenderla).

Yo soy capaz de pensar en español y en inglés. Del mismo modo, soy capaz de pensar en pesetas... pero soy incapaz de pensar en euros. No he conseguido adaptarme. A la fuerza tengo que hacer el cambio a pesetas para conocer el valor de algo por su precio. No consigo entender el valor del precio de las cosas en euros, del mismo modo que sólo entiendo el valor de una cantidad si está expresada en el sistema decimal (con la excepción de las horas y los grados de arco).

Y todo este lío por el dinero, que ni siquiera es un ente concreto (la moneda es concreta, pero no su valor, que es abstracto), sino un símbolo acerca del valor abstracto que arbitrariamente otorgamos a las cosas; en un billete con la misma composición y peso puede rezar 10 ó 20, en función de la decisión de alguien, y lo admitimos por convención. Para ser feliz, es importante recordar que, en el fondo, el dinero, aunque es una moneda de cambio útil, carece de auténtico valor para lograr una vida plena: no puede comprar el amor ni la felicidad (aunque sí algo de prozac, llegado el caso).