04 febrero 2007

EL CORAZÓN DE LA TIERRA

Una fecha fatídica, un lugar marcado por la tragedia, unos acontecimientos inesperados con fatales y sangrientas consecuencias: el 4 de febrero del año 1888, una huelga organizada por los explotados y sufridos trabajadores de la cuenca minera de Riotinto es reprimida de manera brutal en lo que muchos consideran la primera manifestación ecologista en España por la contaminación que producían en las poblaciones adyacentes las chimeneas de las teleras, en las que se separaban los minerales de las impurezas. La convocatoria pacífica terminó con una carnicería injustificada por parte de las tropas del ejército allí presentes.
Finales del siglo XIX, cuando la revolución industrial alcanza sus máximas cotas de productividad pero, al mismo tiempo, de falta de humanidad hacia los obreros, mano de obra amorfa sin derechos, ni siquiera los más básicos, que tardarían un poco más en implantarse con plena fuerza y conciencia social.
Época de falta de libertades tan elementales hoy día como pueden ser los de manifestación y de expresión, de abismales diferencias entre pobres y ricos, de drásticos imperialismos coloniales...
Durante mucho tiempo los súbditos británicos se asentaron y explotaron las minas de la comarca onubense, con una política de extracción salvaje desde el mismísimo “corazón de la tierra” del preciado cobre.
“El año de los tiros”, como se denominó al hecho, yace en silencio en la memoria y corazones de los descendientes de aquellas víctimas. Por el testimonio de centenares de personas que presenciaron el hecho, se sabe que los manifestantes no profirieron ni un grito subversivo, no salió de ellos una provocación ni un acto que molestase a la tropa ni a las autoridades. Jamás se conoció el número exacto de muertos, hombres, mujeres, niños.
Cuando los humos de las teleras permanecían bajos, posados sobre la población, los mineros y sus familias se veían obligados a buscar refugio en las cumbres de los cerros cercanos, mientras sobre el valle caía la noche artificial. Los efectos nocivos de las teleras abarcaban un radio de 777 kilómetros cuadrados en torno a las minas y dañaban a unas 11.000 propiedades. Los dueños de las tierras afectadas, sobre todo de Zalamea la Real, crearon lo que podríamos considerar un antecedente de los movimientos ecologistas: la Liga Antihumos.
La unión de todos desembocó en la multitudinaria manifestación que demandaba el fin de la calcinación al aire libre –algo que en Inglaterra, el Parlamento, consciente de su peligrosidad, había prohibido ya en 1864, pero que aquí, veinticuatro años después, la RTC seguía practicando–, reducción de doce a nueve horas de jornada laboral, y algunas mejoras económicas y sanitarias.
Una riada humana, una impresionante manifestación con el audaz Maximiliano al frente se dio cita en Riotinto. Las calles quedaron tomadas por unas 12.000 personas que en un ambiente festivo, con bandas de música y pancartas reclamaban una más digna forma de vida. Y mientras en el Ayuntamiento permanecían reunidos alcalde y concejales, el gobernador civil de Huelva, con soldados del Regimiento de Pavía, entraba en Riotinto dispuesto a poner fin a la revuelta. Y lo logró. A sangre y fuego.
Y allí, entre los muertos, estaba yo, junto con mis hermanos y otros amigos..... Por supuesto, todavía no estoy tan entrado en años ni me ha asesinado ningún ejército. No era 1888 sino que se trataba del reciente rodaje de la película de Antonio Cuadri, “El Corazón de la Tierra”, basada en la novela del mismo título de Juan Cobos Wilkins (Juanito Cobos, como dice Luis Alberto), en la que participamos como extras. Como testimonio de esos días quedan muchas fotos como ésta junto a mi hermano Marco y una de las protagonistas, Ana Fernández.

2 comentarios:

Alberto dijo...

Gerardo Macías, Estrella de cine.
Un abrazo y nos vemos el fin de semana. Espero.
Alberto

Anónimo dijo...

He visto un trailer en la tele y tienen que hacer un reportaje

Suerte!

Puny humano